me hacía compañía,
tu recuerdo abrió la cerradura de mi pensamiento…
Al verte y tenerte cerca, se estremeció mi ser
al respirar tu abrasador aliento.
Y poco a poco, silenciosamente,
me ataste entre tus brazos.
Tus pupilas quietas me fueron embriagando,
despertando el mar de los deseos
en aquel agradable asalto.
Y cerrando los ojos para sentirte más,
entre caricias y besos,
tu mano se detuvo entre mi pecho…
deslizándose luego, sutilmente,
hasta llegar al fondo del océano
en un instante inmenso…
Al despertar, desnudos y vencidos,
cual estrella embrujada, desperté del hechizo.
Y sollozando vendije tu descaro y mi osada locura;
que floreció en mi alma el amor extraviado
en el viejo metal de mi armadura.
Poema publicado en el libro: Amanecer Solitario
Concurso del Centro de Estudios Poéticos, España




